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¿Te cortarías el dedo meñique?

¿Te cortarías el dedo meñique?

¿Verdad que suena a disparate?

Dame el beneficio (como siempre) de la duda.

Cortarte el dedo más inútil de la mano sería algo difícil y doloroso. Es algo que no tienes programado hacer, que va contra natura y contra lo que todas las personas piensan. Es parte de ti, de tu cuerpo, ha estado contigo toda la vida, pero… en realidad, si te pones a pensar con detenimiento, ese dedo no es esencial para vivir.

¿Qué pasaría si yo te ofreciera cumplir tus sueños a cambio de cortar tu dedo meñique?
¿Lo harías?

Creo que muchas personas estarían ya sacando el cuchillo.

Bueno, pues en tu vida, para conseguir lo que quieres, tienes que hacer sacrificios. Evidentemente no cortarte un dedo, pero sí pasar por situaciones incluso más complicadas que eso.

La mayoría de los individuos no están dispuestos a salir de su plan original, a desprenderse de algo que los dejará marcados para siempre. Casi todos quieren conseguir los éxitos de los demás sin estar dispuestos a dejarse la piel.

Sacrificios como pasar menos tiempo con la familia o perderse vacaciones o dejar de desperdiciar el dinero en compras superficiales. Suena fácil pero cuando las personas están frente a la decisión de sentirse cómodos, aunque sea para lograr sus sueños, muchas de ellas optarán por quedarse como están, por no arriesgar.

El dedo meñique es algo de lo que podrías prescindir, pero te costaría trabajo, sólo lo harías por algo significativo.

Tus metas deben ser lo suficientemente ambiciosas para justificar el esfuerzo que la mayoría de las personas no desean hacer. El impacto que tus objetivos tendrán en tu vida serán la gasolina que te mantendrá encendida para superar obstáculos y tropiezos que en este momento ni siquiera imaginas que sucederán.

Por eso prepárate para empujar tus límites y hacer cosas que nunca imaginaste que podías hacer. Cosas que, aunque al principio parecerán muy difíciles, pero que viendo a largo plazo será un costo muy pequeño para pagar por llegar a donde quieres estar.

Ahora en adelante, en las decisiones importantes pregúntate si te cortarías el dedo meñique y si la respuesta es sí, es que vale la pena.

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